Hace mucho tiempo nos venía rondando en la cabeza un viaje a Oriente. Por lo general, nuestros viajes son más como un “road trip”, es decir alquilar un auto y recorrer, pero con Oriente nos parecía un poco complicado. Entonces decidimos hacerlo en barco, parar en puertos que nos llevaban a conocer los lugares que nos interesaban y sin el problema del lenguaje o de los traslados, y con comida occidental asegurada si ya nos cansábamos de la oriental.

Tomamos un crucero de la compañía Silversea que parte de Tokyo y en 16 días toca varios puertos,  entre ellos: Osaka, Hiroshima, Busan, Tianjin (desde aquí se va en un mini viaje a Beijing, para también llegar a la Muralla China), Shanghai y finalmente termina en Hong Kong

Así lo hicimos, nos dirigimos a Tokyo, cuya visita ya la contamos en un post anterior, y nos subimos al barco.

Nuestro primer destino era Osaka, la ciudad japonesa desde la cual íbamos a ir a conocer Kyoto, aparentemente una ciudad fantástica donde conocer el Japón tradicional, digo aparentemente porque un tifón apareció de improvisto y le impidió al barco atracar ahí , así que seguimos viaje hasta: Hiroshima. No se puede contradecir a la naturaleza!

    Hiroshima, nos impactó, además de ser una ciudad japonesa pujante, por su pasado e historia de ser la primera ciudad donde cayó una bomba atómica. Hicimos una visita al Peace Memorial Park, que tiene varios monumentos conmemorativos de ese triste momento. El cenotafio donde están todos los nombres de las víctimas, con su llama encendida hasta que no haya más armas nucleares en el planetay, sobre todo: el Peace Memorial Museum. En este museo se puede ver Hiroshima antes y después de la bomba, es muy impactante y emotivo.

Luego conocimos Busan, un puerto de Corea del Sur importantísimo a nivel mundial , con playas muy lindas, y donde conocimos el monasterio de monjes : Beomeosa temple, es como una pequeña villa, de vida y meditación budista en un entorno de vegetación muy lindo.

Próximo puerto: Tianjin, lo esperábamos con excitación porque iríamos con un tour a dormir a Beijing para, desde allí llegar a la Great Wall.

Fuimos desde el puerto hasta la ciudad de Tianjin, para tomar el tren bala que nos llevó en un abrir y cerrar de ojos hasta Beijing, ya palpitando China en toda su dimensión, mucha gente en la estación, pero todo muy organizado. Al llegar a la capital china, fuimos a visitar: la Ciudad Prohibida, dentro de cuyos muros hay 800 palacios, construídos entre 1417 y 1420 residencia en su tiempo del emperador y Tiananmen Square, símbolo nacional de la República Popular China, dominada por su gigantesca imagen de Mao.

          

Mención aparte para el hotel de la capital china: el Four Seasons, impresionante hotel en todo sentido. Habitación grande y comodísima, servicio impecable, restaurante chino (el que optamos nosotros, porque también hay uno italiano y otro internacional occidental), y un desayuno memorable, por la calidad y variedad, que sumaba lo occidental y lo oriental, en suma toda una excelente experiencia!

Partimos temprano hacia la Muralla, con un excelente día, por el tiempo meteorológico y por el momento del año, justo había terminado el feriado nacional y todo los turistas chinos (que son muchos!) habían retornado a sus hogares.

La Muralla, la abordamos por el sector Badaling, subimos con un funicular y la apreciamos desde arriba en muchos sectores de su extensión, con un día límpido y bastante poca gente. Para mí, fuetoda una experiencia, es una de esas cosas, que uno no cree que vaya a poder ver en su vida, y sin embargo, ahí está uno, viéndola! Lleven buenas zapatillas porque tiene tramos muy empinados y hay que hacer un poco de esfuerzo. Después de recorrerla emprendimos el regreso, nos esperaba el barco para seguir al próximo puerto: Shanghai.

                

Shanghai, no se como decirlo, nos impresionó de una manera tal, que no dejábamos de fotografiarla…que ciudad impresionante! Para empezar, su puerto es interminable, es el primer puerto del mundo, así que imagínense, nunca llegábamos al centro de la ciudad. Y luego, una vez que llegamos, tanto de un lado como del otro del río, era increíble la cantidad de edificios modernos, concentrados, con la torre de comunicaciones: la Oriental Pearl Tower, de diseño tan futurista, que le confiere ese actitud futurista a toda la ciudad.

Y faltaba la visión nocturna, una vez que el sol se puso, era tanta la cantidad de luces, que impactaba. Todos los edificios con un tipo de iluminación particular, que hacía un conjunto impresionante. Recorríamos el paseo llamado The Bund, hacia un lado y hacia el otro, sin poder dejar de mirar hacia la otra orilla del río donde estaba esta maraña luminaria. Y en nuestra orilla, los edificios de arquitectura colonial inglesa, refaccionados e iluminados también.

La recorrimos todo el día, tratando de conocer, también su otra cara, de pasajes antiguos con las casas alineadas, porque es una ciudad de dos caras, pero su cara más visible, y más occidental también, les impresionará.

Finalmente llegamos a Hong Kong , donde abandonamos el barco y nos alojamos en el hotel Intercontinental Hong Kong.

Hong Kong se compone de Hong Kong Island y de Kowloon, la parte continental. Nosotros decidimos quedarnos en Kowloon, en la parte del centro sobre el puerto, desde allí parten todos los medios de comunicación para ir a la isla o a otros lugares, el Star ferry, el subte.etc.

Elegimos este hotel porque además de su ubicación céntrica, a pasos del ferry, está sobre Victoria Harbour, de forma tal que muchas de sus habitaciones están prácticamente sobre el agua y la vista es increíble. Esta vista también la tiene desde el bar y desde su restaurant principal o simplemente desde el lobby ,sin gastar nada, también se puede disfrutar.

       

Por supuesto también son buenísimos: el icónico Península, el Shangri La, y también los de la isla.

Es una ciudad distinta, a mitad de camino, entre China y su impronta occidental que le han dejado 100 años de colonia inglesa. Hay que tomar el ferry, que nos lleva a la isla para una vez allí tomar el bus hasta Victoria Peak , que ya es un lindo paseo recorriendo la isla, mientras va subiendo, y luego de admirar la ciudad desde la cima, se desciende en el tram. También se puede subir en el tram, pero hay mucha cola, y se demora, no así para bajar.

Y luego, otro bus para ir a Stanley Village, que es del otro lado de la isla, pero es una bahía lindísima con playa cercana, y una vez más, el trayecto en bus hasta llegar es en sí mismo, todo un paseo.

Al otro día lo dedicamos a Kowloon, aquí es donde está Nathan Street, que resume toda la vida comercial de la ciudad, desde joyerías, sastrerías, shoppings y hablando de comercio, es una de las ciudades con los centros comerciales más grandes del mundo. Las compras son como una actividad social en si misma, es decir es una ciudad donde hay una explosión de consumismo.

Tiene también sus mercados callejeros pintorescos, que son como una ventana detenida en el tiempo para compras y comida, como el Wet Food Market, donde es un espectáculo ver todo lo que se vende para comer, pescado, marisco, verduras, frutas, muchas de estas cosas, exóticas para nosotros, es un paseo bastante exótico todo.

Otros mercados también divertidos son el Ladies Market, donde hay de todas las cosas de todas las marcas (la mayoría como sospecharán, falsas), que funciona todo el día en la calle Tung Choi y el Temple Street, que funciona de noche.

Todos estos mercados callejeros son para una recorrida rápida y divertida. Las compras seguramente las harán en Harbour City, que es un shopping enorme en el puerto o en Landmark en Central (llamado así el centro de la isla enfrente).

También aquí es un paraíso para foodies, hay muchísimos restaurantes con toda la comida del mundo que se les ocurra. Nosotros probamos la cantonesa, propia del lugar y nos encantó.

Así llegó a su fin nuestro viaje, pensando ya , hacia donde iremos en el próximo, ya les contaremos!


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